martes, 3 de junio de 2014

Oscuridad

Vivía en la más absoluta oscuridad. A tientas entre lo que soñó y lo que ya no recuerda, aferrada a algo o alguien que estaba destinado a no estar, a no ser. Ella sabía que esa vida no era buena, eso de parecerse a una sombra no pegaba con su carácter y mucho menos con las ilusiones que una vez depositó en algo que resulto ser tan efímero que no podía aguantarse con pinzas, ni siquiera reforzando esa base que construyó a tientas.

No calculó bien, falló y se sintió morir. Aún por las noches recuerda cómo eran esos días en que su sonrisa aún se atrevía a aparecer entre las comisuras de sus labios, medio tímida, medio insegura, pero allí estaba, un día más. ¿Cómo es posible que alguien no tenga ganas de querer sonreír? Pensaba. ¿Cómo es posible que alguien tenga motivos para querer sonreír? Piensa.

Y así continuó, entre síes y noes que se contradecían constantemente y la abocaban al no saber. Entre verdades e incertidumbres que hacían que su razón enloqueciera y perdiera el sentido de eso que llaman vida. Incluso llegó a pensar que debería de haber firmado un pacto con el mismo diablo, que había vendido su alma al mejor impostor que resultó ser un truhán de los que se refugian detrás de un sombrero y una buena gabardina. Sí, le hicieron creer que sería posible, que la casa de su vida podría tener vistas al mar y ventanales grandes para poder admirar lo que la naturaleza le ofrecía. La verdad resulto ser un contrato indefinido firmado por el desamor, el muy caradura añadió algunas clausulas en las cuales resaltaba la inseguridad, la desconfianza y el rencor.

Después de todo, no le fue difícil perder. Y hoy recuerda todas las palabras del ayer, también recuerda cuánto de insoportable puede ser la ausencia de alguien que sabes que no puede volver. Y vuelve a perder el norte en el sur de sus divagaciones, tendrá que volver a perderse para poder encontrarse o para encontrar a alguien que esté dispuesto a guiarla en un mar a contracorriente o en una carretera sinuosa, alguien que se atreva a pagar un seguro a todo riesgo incluido, pues ella ya sabe mucho de daños a terceros.

Dicen que podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío o que no se llena si uno mismo no vuelve a querer, pero ¿que pasa cuando alguien ha gastado toda el agua disponible en esas lágrimas saladas y amargas que reflejaban el dolor de su corazón y en las cuales naufragaban las palabras que no se atrevió a decir?




Julieta