Me quedé muda, inerte, no me salían ni las lágrimas y esos síntomas auguraban un mal presagio. Sí, lo sabía, no era algo que se veía venir, es algo que vino directamente. Sin preguntar, sin importar el cómo, el cuando, y lo peor de todo sin un porqué.
Y me veía ahí, en medio de una sala, en medio literalmente porque aunque mi cuerpo estuviera presente, mi corazón ya no. Pues eso que yo estaba ahí, y sentí morir. Morir también literalmente porque ella se fue, bueno y yo también me fui con ella. Y se acabó.
Se acabaron las tardes en el sofá coloreando, ella decía que yo coloreaba no sólo los dibujos, sino su vida. Cómo explicarle que ahora entiendo, que sin ella todo es gris, no mejor, es negro. Porque con el gris aún se puede hacer algo, con lo que siento ya no.
Se acabaron sus historias, las que se inventaba y las que me hacían soñar. Pues bien, ya no sueño, mira que le pongo ganas pero al final del día, me falta empeño. Ahora mi cabeza se llena con insomnios, sí es eso, ya no sueño quizá porque directamente no duermo.
Se acabaron las visitas. Ya no hay nadie a quien visitar, no hay nadie esperando tu llegada, nadie al otro lado del teléfono para no acabar contándote nada, pero que al fin y al cabo lo significa todo. Sabes lo peor? Lo peor es que se acabó su cara, esa cara de niña que ponía cada vez que nos veía entrar por la puerta, se acabó su risa, esa risa que llenaba cualquier rincón de la sala y cualquier hueco de mi corazón. Se acabaron sus canciones, aquellas que al final pasabas toda la semana tarareando de lo pegadizas que eran.
Y por eso ya no veo, ya no río y ya no canto. Oh esto último es sumamente importante, nunca he sido yo sin música, así que podréis imaginar que ahora ya no soy yo.
Y te sientes morir, y duele, ya lo creo que duele. Es el dolor más intenso e insoportable que un humano debe aguantar en la vida. Porque es así, tienes que soportarlo, intentar seguir, ya no por ti sino por ella y por los que están a tu alrededor. Y te dicen bueno, estas cosas pasan, tienes que continuar con tu vida. Ay si supieran que después de esto ya no hay vida...
Duele, y es peor que todos los dolores del mundo juntos, porque es algo irremediable. No es algo que se pueda solucionar con una charla, un perdón, un ramo de flores o una cena. No se arregla dejando un tiempo o distanciándote, no se arregla llamando al día siguiente o presentándote en el portal por sorpresa. No es algo que se solucione a base de caricias, risas o confidencias. Esto no tiene arreglo, y saber eso, saber eso es la peor sensación del mundo.
Le supliqué que no me dejara, me aferré fuerte a su mano para ver si de ese modo ella podía aferrarse un poco más a la vida. Y lloré, abrazada a ella, y a solas. Lloré como jamás había llorado en mi vida, como jamás creí que se podía llorar. Sentí rabia, impotencia, sentí miedo y soledad porque al final no me hizo caso.
Y ahora... bien pues ahora yo ya no siento nada.
Julieta
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