sábado, 2 de agosto de 2014

La montaña






Alguien le dijo alguna vez que cuando se sintiera pequeña lo único que debía de hacer para poder cambiar ese pensamiento era subir a una montaña, azotea o torre. Cualquier parte valía siempre y cuando estuviera en lo más alto y desde allí pudiera sentir la agradable sensación de tener el mundo a sus pies, porque sólo así podía comprobar lo pequeñas que pueden resultar las casas, calles, coches e incluso las demás personas, y que sólo depende del punto de vista con el que se mire las cosas para comprobar cuánto de grande podía verse ella, solo bastaba creérselo.

Ahí era donde fallaba. Su vida parecía haber estado escrita por el guionista de "Retorno al pasado", siempre intentando avanzar pero con un pie que se le quedaba atrás, vivía rebobinando y volviendo a darle al play, como si no le hubieran concedido el poder de cambiar la canción, y ella intentaba de vez en cuando poner un poco de pausa a todo ese caos, pero sabía que el tiempo era lo único que no iba a poder ni parar ni recuperar.

Luchaba para que no le volviera a tocar el papel de protagonista en la especie de sátira dramática en que se habían convertido sus días, luchaba además contra lo que su cabeza decía en algunas ocasiones, demasiadas para su gusto, y le hacían distorsionar la realidad y el orden de las cosas.

Si se viera con mis ojos entonces entendería, podría llegar a comprender que la curva más bonita que tiene es su sonrisa, que la luz que ilumina mi vida es la que desprenden sus ojos y que no hay vestido que le quede mejor que su personalidad, es realmente bonita cuando es auténtica. Entendería así, que mucha gente puede sentirse afortunada por poder contar con su presencia en sus vidas ya que tiene ángel, no sé cómo explicarlo, ella ve lo bueno en los demás cuando nadie más puede hacerlo, creedme, de veras que lo ve, y eso es realmente fantástico.

Por eso me gustaría decirla que a veces es bueno poner tierra de por medio y volver a empezar, lejos, porque quizá la única respuesta al hecho de poder encontrarse sea tener que perderse primero. Y que si falla, no pasa nada, puede volver a intentarlo todas las veces que quiera y de las distintas formas que se le ocurran. Se me olvidaba mencionarle que ella tiene mucha imaginación, es capaz de darte argumentos necesarios para hacerte creer que cualquier cosa puede ser posible, aunque no suela aplicárselo.

Por último aconsejarle que suba todas las veces que haga falta a todas las montañas, azoteas o torres del mundo para que nunca más vuelva a sentirse pequeña, y sobretodo que olvide de una vez todo lo que un día le dijeron que era para poder recordar quién realmente es.

Julieta

martes, 3 de junio de 2014

Oscuridad

Vivía en la más absoluta oscuridad. A tientas entre lo que soñó y lo que ya no recuerda, aferrada a algo o alguien que estaba destinado a no estar, a no ser. Ella sabía que esa vida no era buena, eso de parecerse a una sombra no pegaba con su carácter y mucho menos con las ilusiones que una vez depositó en algo que resulto ser tan efímero que no podía aguantarse con pinzas, ni siquiera reforzando esa base que construyó a tientas.

No calculó bien, falló y se sintió morir. Aún por las noches recuerda cómo eran esos días en que su sonrisa aún se atrevía a aparecer entre las comisuras de sus labios, medio tímida, medio insegura, pero allí estaba, un día más. ¿Cómo es posible que alguien no tenga ganas de querer sonreír? Pensaba. ¿Cómo es posible que alguien tenga motivos para querer sonreír? Piensa.

Y así continuó, entre síes y noes que se contradecían constantemente y la abocaban al no saber. Entre verdades e incertidumbres que hacían que su razón enloqueciera y perdiera el sentido de eso que llaman vida. Incluso llegó a pensar que debería de haber firmado un pacto con el mismo diablo, que había vendido su alma al mejor impostor que resultó ser un truhán de los que se refugian detrás de un sombrero y una buena gabardina. Sí, le hicieron creer que sería posible, que la casa de su vida podría tener vistas al mar y ventanales grandes para poder admirar lo que la naturaleza le ofrecía. La verdad resulto ser un contrato indefinido firmado por el desamor, el muy caradura añadió algunas clausulas en las cuales resaltaba la inseguridad, la desconfianza y el rencor.

Después de todo, no le fue difícil perder. Y hoy recuerda todas las palabras del ayer, también recuerda cuánto de insoportable puede ser la ausencia de alguien que sabes que no puede volver. Y vuelve a perder el norte en el sur de sus divagaciones, tendrá que volver a perderse para poder encontrarse o para encontrar a alguien que esté dispuesto a guiarla en un mar a contracorriente o en una carretera sinuosa, alguien que se atreva a pagar un seguro a todo riesgo incluido, pues ella ya sabe mucho de daños a terceros.

Dicen que podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío o que no se llena si uno mismo no vuelve a querer, pero ¿que pasa cuando alguien ha gastado toda el agua disponible en esas lágrimas saladas y amargas que reflejaban el dolor de su corazón y en las cuales naufragaban las palabras que no se atrevió a decir?




Julieta

viernes, 25 de abril de 2014

A veces



A veces quería romperse del todo. Quería correr hasta quedarse sin kilómetros bajo los pies. Desgarrarse la piel a tiras, y ver qué se esconde bajo ella. Algunas noches se quedaba callada durante horas, sin nada qué decir o con quién hablar. Y se pasaba la vida en modo ausente, como si estuviese demasiado lejos todo el tiempo. Y le era imposible regresar antes de que se hiciese tarde. Y cuando llegaba ya no había nadie. Más silencio, si acaso. Y el mismo cielo nocturno, sumido en la misma reflexión de siempre. Le es más fácil vivir así, entre las sombras. Acurrucada sobre sí misma, como una flor que muere. Con todas las ganas aún envueltas en perfecto papel de regalo, que no abrirá nunca. Y se consumirá en algún momento, como cuando se apaga una estrella en la noche sin que nadie se de cuenta. Sin llamar la atención, sin que suene el teléfono de madrugada. Sin que venga alguien y le recuerde que acostumbrarse es otra forma de morir.


Julieta

viernes, 11 de abril de 2014

Se fué

Me quedé muda, inerte, no me salían ni las lágrimas y esos síntomas auguraban un mal presagio. Sí, lo sabía, no era algo que se veía venir, es algo que vino directamente. Sin preguntar, sin importar el cómo, el cuando, y lo peor de todo sin un porqué.

Y me veía ahí, en medio de una sala, en medio literalmente porque aunque mi cuerpo estuviera presente, mi corazón ya no. Pues eso que yo estaba ahí, y sentí morir. Morir también literalmente porque ella se fue, bueno y yo también me fui con ella. Y se acabó.

Se acabaron las tardes en el sofá coloreando, ella decía que yo coloreaba no sólo los dibujos, sino su vida. Cómo explicarle que ahora entiendo, que sin ella todo es gris, no mejor, es negro. Porque con el gris aún se puede hacer algo, con lo que siento ya no.

Se acabaron sus historias, las que se inventaba y las que me hacían soñar. Pues bien, ya no sueño, mira que le pongo ganas pero al final del día, me falta empeño. Ahora mi cabeza se llena con insomnios, sí es eso, ya no sueño quizá porque directamente no duermo.

Se acabaron las visitas. Ya no hay nadie a quien visitar, no hay nadie esperando tu llegada, nadie al otro lado del teléfono para no acabar contándote nada, pero que al fin y al cabo lo significa todo. Sabes lo peor? Lo peor es que se acabó su cara, esa cara de niña que ponía cada vez que nos veía entrar por la puerta, se acabó su risa, esa risa que llenaba cualquier rincón de la sala y cualquier hueco de mi corazón. Se acabaron sus canciones, aquellas que al final pasabas toda la semana tarareando de lo pegadizas que eran.

Y por eso ya no veo, ya no río y ya no canto. Oh esto último es sumamente importante, nunca he sido yo sin música, así que podréis imaginar que ahora ya no soy yo. 

Y te sientes morir, y duele, ya lo creo que duele. Es el dolor más intenso e insoportable que un humano debe aguantar en la vida. Porque es así, tienes que soportarlo, intentar seguir, ya no por ti sino por ella y por los que están a tu alrededor. Y te dicen bueno, estas cosas pasan, tienes que continuar con tu vida. Ay si supieran que después de esto ya no hay vida...

Duele, y es peor que todos los dolores del mundo juntos, porque es algo irremediable. No es algo que se pueda solucionar con una charla, un perdón, un ramo de flores o una cena. No se arregla dejando un tiempo o distanciándote, no se arregla llamando al día siguiente o presentándote en el portal por sorpresa. No es algo que se solucione a base de caricias, risas o confidencias. Esto no tiene arreglo, y saber eso, saber eso es la peor sensación del mundo.

Le supliqué que no me dejara, me aferré fuerte a su mano para ver si de ese modo ella podía aferrarse un poco más a la vida. Y lloré, abrazada a ella, y a solas. Lloré como jamás había llorado en mi vida, como jamás creí que se podía llorar. Sentí rabia, impotencia, sentí miedo y soledad porque al final no me hizo caso.

Y ahora... bien pues ahora yo ya no siento nada.

Julieta

lunes, 31 de marzo de 2014

Lo que duele no es el dolor

Risto Mejide

Lo que duele no es el dolor. El dolor es sólo una consecuencia. El efecto secundario de algo que nos hizo sufrir y que todavía hoy sigue haciéndolo. Me gustaría que eso que tanto duele fuese lo que me aplasta el pecho y me araña las vísceras y el corazón. Eso que se puede paliar poco a poco, con consejos, amigos, medicamentos, horas, sobremesas y tazas de café. Pero algo me dice que no. Que lo que duele no es el dolor. 

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la ausencia. El hueco que deja alguien que ya no está. Echar de menos con contrato indefinido. Y saber que quería llevársela y se la ha llevado, que ya está, que le han ganado la vida esas malditas seis letras que no pienso volver a juntar en mi boca nunca más.
Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es conocer un vivo menos. Borrar su número de móvil. Tener que frenarme cuando la iba a llamar y recordarme a mi misma que ya no puedo, que un día pude, que lo hice menos de lo que debía y que ya nadie podrá.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es recoger los pedazos de quien se queda. No saber consolar a quien más quieres en este mundo. Tratar de estirarle los labios. Con una broma, un chascarrillo, una tontería. Y fracasar. 
Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es la distancia. Este saberse lejos de ti, este llevarte conmigo, ese llevarme contigo y aún así, ser incapaces de llevarnos más. Haber caído con nuestro mayor triunfo. Haber sucumbido ante nuestro mayor logro. Lo mejor que habremos hecho en nuestra vida. Algún día él nos lo explicará.

Lo que duele no es el dolor. Lo que duele es no saber volverlo a intentar. Matar el nervio y dejar que se desangre la encía. Hablarlo tantas veces y acabarlas todas en ese silencio de punto final. Darnos por imposible. Constatar nuestra propia incompetencia. Seguir doliéndonos. Seguir mal. 
Lo que duele no es el dolor. Es todo lo que dejamos atrás. El remolque desbocado de los recuerdos que nos perseguía al mismo ritmo y velocidad. Ahora sólo sabemos que le ha fallado el enganche, los frenos y no tenemos ni idea de en qué momento nos va a atropellar. Ni con qué.

Lo que duele no es ni siquiera llorar. Lo que duele es tener tantas razones para tener que hacerlo. Es esta maldita sequía de lágrimas. Es el miedo a quedarse solo y en pareja. Y esta cochina culpabilidad.
Lo que duele no es que la gente opine. Es que lo haga como quien habla del tiempo, alegremente y buscando de todo, menos ayudar. Que nos den consejos que no hemos pedido. Que inventen razones. Qué sabrán ellos. Qué sabrán. 

Lo que duele no es el dolor
Porque el dolor es esto que me viene aquí y ahora.
Lo que más duele es todo lo que vendrá

Julieta

viernes, 28 de marzo de 2014

Te la llevas

Risto Mejide

Vale, muy bien y ahora qué. Nos das la noticia, nos marcas un plazo, nos amputas cualquier esperanza y aún tendremos que darte las gracias por dejarnos algo de tiempo para despedirnos de ella. Nos dejas el tiempo justo para embalsamar tantos recuerdos que no sabemos ni por dónde empezar. El tiempo justo para no poder ni llorar.

Que sepas que no vas a llevártela tan fácilmente. Que sepas que ella piensa plantarte cara hasta el final. Aunque sea lo último que haga. Piensa aferrarse a lo que le queda de sí. Y piensa apurar toda estadística por ínfima que sea, como se apura el último sorbo en pleno desierto, como se estiran los últimos minutos antes de que vuelva a sonar el despertador.

Pero sobre todo, que sepas que no está sola. Ni ahora ni nunca. Ni antes ni después. Su dolor es el nuestro. Su lucha no se libra sólo en su organismo, sino en el ánimo de todos y cada uno de los que la queremos, la querremos y la quisimos alguna vez.

Has decidido que te la llevas y puede que al final hasta te la acabes llevando. Puede que ganes, pero jamás vas a triunfar. Porque hay cosas que nunca podrás llevarte. Nunca te llevarás su risa. Porque su risa puede contigo. Aunque al final te la lleves a ella, su risa se quedará. Tampoco puedes con su cariño. El que recibe y el que nos ha dado. Cuanto más se apaga ella, más se ilumina el hueco que deja a su alrededor. Y por supuesto, no podrás con su recuerdo. Es demasiado grande para ti. Y para cien más como tú.

Julieta


miércoles, 19 de marzo de 2014

Lo poco que sé de la vida

Risto Mejide

Lo poco que sé de la vida está en los libros que nunca leo. Lo poco que sé de la vida está en las líneas que no escribí. Lo poco que sé de la vida se cuenta tomando un café, se entiende tomando una copa y se olvida tomando dos.

Que nadie se me emocione ni albergue falsas esperanzas, porque con lo poco que sé de la vida, a duras penas se llena un corazón, por pequeño que sea.

Empiezo por lo que sé con toda seguridad. Sé que, con suerte, te vas a morir una vez. Así que procura no morirte más veces por el camino. No hay nada peor que esa gente que se va muriendo antes de morirse del todo. Para evitarlo, te regalo un método infalible: mientras tú vayas decidiendo, todo está bien. El día que dejes de decidir, ese día, cuidado, porque la habrás palmado un poco.

Ten siempre más proyectos que recuerdos, es la única forma que conozco de mantenerse joven. Olvídate de la patraña esa de ser feliz, ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a ser el único dueño de tus propias expectativas.

Que un euro se ahorra, y un polvo se pierde. Para siempre. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar. Por mucho que te cueste pagar las facturas. Por mucho que en las reuniones de antiguos alumnos te miren mal. Es mejor dedicarse toda una vida a algo que te divierte pese a no llegar a fin de mes, que pasarte un solo día trabajando únicamente por dinero.

Entre lo poco que sé de la vida, también te diré que nada de todo esto vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Ni flores, ni velas, ni luz de la luna. Ése es el verdadero romanticismo. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va.

Ojalá ames mucho y muy bueno, incluso a riesgo de ser correspondido. Que te despojen de todo, que hagan jirones de tus ganas y que te veas obligado a remendarlas con el hilo de cualquier otra ilusión. Que desees y seas deseado, que se frustren todas tus esperanzas y que acabes descubriendo que la única forma de recobrar el primer amor, que es el propio, es en brazos ajenos. Dos emociones inútiles asociadas al pasado, arrepentimiento y culpa, y una emoción inútil asociada al futuro, la preocupación. Cuanto antes te desprendas de las tres, antes empezarás a apreciar lo único que tienes.

Qué más. Ah sí. Sé que al menos un amigo te va a traicionar, otro será traicionado por ti, y que te pongas como te pongas, los que no hayas hecho antes de los 30, ya jamás pasarán de buenos conocidos. Cuenta sólo con los tres principales, porque a partir de ahí, todo es mentira.

Para terminar, y hablando del tema, déjame que te presente a tu mejor enemigo. Se llama miedo. Quédate con su cara, porque va a estar jodiéndote de ahora en adelante. Miedo al fracaso. Miedo al qué dirán. Miedo a perder lo que tienes. Miedo a conseguirlo. Miedo a saber poco de la vida. Miedo a tener la razón.

Julieta

viernes, 14 de marzo de 2014

Tira y afloja

Vivían en un tira y afloja constante. Sus vidas eran eso, estirar la cuerda hasta el punto en el que sabían que era el tope. Sabían perfectamente hasta donde podían llegar para que no se rompiese. Vivían siempre al límite, estirando hasta donde podían llegar, sabiendo de qué manera hacerlo para hacer daño sin romperla.
Estaban hechos el uno para el otro, se conocían más de lo que alguien puede conocer a una persona. Ella conocía todas y cada una de las caras que iba a poner según la situación que fuese, como reaccionaba cuando algo le daba vergüenza, incluso lo que pensaba en cada momento. Él conocía todas y cada una de sus sonrisas, sabía perfectamente cómo iba a reaccionar, con sólo mirarla sabía como se sentía.

Sabían de todo, menos quererse. No tenían termino medio, o se querían matar o mataban por quererse. Y así seguían, disfrutando los días pares y a hostias los impares. Estirando de una cuerda que pensaban que nunca se iba a romper pero que finalmente un día se rompió. Pasó un tiempo en el que estuvieron separados, echándose de menos, pero también echándole la culpa al otro. Pero los lazos que los unían eran tan fuertes, tenían una fuerza de atracción tan increíble, que no aguantaron estando así. Ambos deseaban que todo volviera, incluso que volviese lo malo para poder tener lo bueno de vuelta. 

Él pensó que esta vez era la definitiva, que después de lo que pasó esta era la oportunidad que les hacía falta para poder ser felices juntos. Ella no pensó nada. Y así empezaron, poniéndole ganas porque suerte ya no quedaba. Quizás el problema de esta relación era que él continuamente esperaba algo más de él, algo que no llegaba. Y ella se cansaba de tener que estar haciéndola feliz y sacándole sonrisas de aquella manera tan difícil.

Julieta

jueves, 13 de marzo de 2014

Querida Gin..

Querida Gin...tonic,

Es el momento de escribirte lo que nunca fui capaz de decirte, aunque sea tarde. De escribir lo que ha sucedido en una carta que no te voy a mandar, que no vas a recibir nunca. Que como tú me enseñaste en cuanto acabe de escribirla la quemaré, mis sentimientos se pondrán a arder y así el dolor... ¿como era? ¿como decías tú? ¡Ah, ya! así el dolor no se te queda tan dentro.

Esta vez sólo quiero ser claro, sería un imbécil si no gritara que me he equivocado contigo, que la he cagado pero bien desde el principio. Que he intentado avanzar sin apartar antes las cosas que lo impedían, agarrado al pasado, mirando para atrás, queriendo olvidar pero sin parar de recordar... Pf, ¡qué locura Gin! Empeñado en quedarme ahí. Me he ido de un lado y del otro sin perdonar, sin perdonarme, sin avanzar... 

¿Dónde está el secreto del futuro Gin? Puede que esté en fijarse bien y en avanzar, mirar las cosas más cerca, más, tan cerca que lo borroso se vuelve nítido, claro. ¡Claro! hay cosas que pasaron antes, ¡mucho antes! No quiero esperar milagros, sólo quiero que las cosas pasen. Y ahora lo tendría claro, pero ahora ya no depende de mi sino de ti.. 
Te quiero.





Julieta

jueves, 6 de marzo de 2014

No te enamores

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe..

No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una mujer que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa...


Julieta


miércoles, 5 de marzo de 2014

Esperando








Entonces entendió que la sonrisa no es los labios, ni los dientes, ni la curva de la boca, sino el sentimiento que provoca. Que no es el color el que hace los ojos bonitos, sino el brillo que surge en ellos cuando alguien te mira.Y que de un cuerpo, lo más hermoso son los brazos cuando te encierran, como si te estuviese diciendo "te he echado de menos".

Y porque querer no es sólo necesitar, sino también ir. Y a veces lo peor de la soledad no es estar solos, sino darnos cuenta de que no tenemos los suficientes cojones para dejar de estarlo. Y nos quedamos quietos, como quietas se quedan las palabras en mitad de un silencio.
Esperando, que es el verbo favorito de la tristeza.

Julieta


miércoles, 26 de febrero de 2014

La naturaleza

Y cuando por fin lo vi, ya no estaba, se había esfumado entre las nubes y el tiempo, pero todavía quedaban sus huellas sobre esa carretera. Quizá no sepa a dónde conduzca, quizá no sepa la duración de su trayecto, pero lo que sí que sé es que no pienso quedarme con su recuerdo. Recorreré kilómetros y kilómetros, reiré y lloraré mientras pienso que quizás nunca vuelva a encontrarle, pero cuando llegue, cuando por fin pueda mirarle, le diré con mis ojos que quiero que se quede.

Yo elegí quererlo y elegí acarrear con todas las consecuencias que eso conllevaba. Elegí que él fuera la persona que llenase mis días de sonrisas, elegí que me comiera a besos, elegí nuestro mes del año y nuestro día del mes. Elegí que él fuera mi locura y mi cordura, elegí las idas y venidas, las despedidas con sabor a ausencia, una ausencia de él. Elegí la impotencia y la incertidumbre, elegí el miedo a fallar y los impulsos, elegí las miradas, su mirada, elegí temblar si estaba lejos, elegí temblar aún más cuando le notaba cerca. Elegí hacerme adicta a él, a sus manías y a su manera de hacer las cosas. Elegí conservar intacto cada momento, y dejar huella. Elegí no callarme nada y a la vez elegí entregárselo todo. Elegí ser fuerte y luchar por un solo motivo, el único motivo que me unía a él. Elegí darle todas mis oportunidades, elegí que él fuese mi vida, para siempre. Elegí no poner límites y hablar de nosotros cuando hablaba de mí. Elegí arriesgar.

No tengo prisa, te espero en la distancia, porque sé que me quieres. Miro al cielo y llueve, las gotas me mojan, me siento libre, conectada a algo, algo que nos une, no te alejes demasiado, no tardarás en volver y eso el cielo lo sabe, por eso los árboles se mueven llenos de furia y la luna se esconde. Porque no puedes ir en contra de la naturaleza ¿no lo sabes? ella es más fuerte...

No olvides que sigo luchando por ti, porque no me voy a rendir. Cada día, cada palabra, cada ráfaga de aire que golpea mi frente me recuerda que te tengo. Que aunque ahora no estés cerca pronto volverás, pronto descubrirás que conmigo tu vida está completa y que sin mí no encuentras el camino. Déjate llevar, sigue a tu corazón. No opongas resistencia. Yo soy tu destino.

Julieta

lunes, 24 de febrero de 2014

Un día

Un día pasa, pasa que estás de pie en algún lado y te das cuenta de que no quieres ser ninguno de los que están a tu alrededor. No quieres ser el puto pringao al que le has reventado la cara. Ni tampoco tu padre, ni tu hermano, ni nadie de tu puta familia. Ni quieres ser la señora jueza. Ni siquiera quieres ser tú. Solo quieres salir corriendo. Salir a toda hostia del sitio en el que estas.





Julieta

jueves, 20 de febrero de 2014

Dicen

Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver, mi problema fue cegarme en solamente verte a ti.
La gente suele poner remedios a todos sus problemas pero tu vivías empeñado en poner problemas a todas mis soluciones aprovechándote, quizá, de que tu eras mi remedio. Empeñado en despertarte tarde porque no querías verme pronto y en hablar poco porque preferías ausentarte mucho.

Y así, hoy recorro a tientas las barandillas oxidadas de mi vida. Aquellas barandillas que un día me atreví a forzar por ti, para que tu luz pudiera encenderme el corazón aunque al final acabaras apagándome el alma.

Y sí, aquí me tienes, con algunos insomnios de más y algunas sonrisas de menos. Pero me mantengo firme y en pie, porque ya me dolían demasiado las rodillas. Espero que en tu nueva vida seas feliz, a mi me costará un poco más encontrar el camino de vuelta a casa ya que esta vez tú no me acompañas y resulta que la llave la perdí entre tus sabanas. La verdad es que no tuve la menor intención de pedírtela, aunque tu no supieras nunca dónde llevarla. Pero tranquilo, ahora estoy cambiando la cerradura, vaya a ser que los recuerdos, o los desvelos, vuelvan a asaltarme otra noche más, esta vez no volveré a dejar que me roben los sueños.


Julieta


(para copiar este texto deberás pedir autorización)

martes, 18 de febrero de 2014

No te rindas

Estos días están siendo un poco raros y confusos, navego en un mar de dudas, de miedos, de contradicciones y de inseguridades, por esa razón en la entrada de hoy quería copiar un poema de Mario Benedetti para todos aquellos que se sientan un poco como yo, para que les de ánimos y para que recuerden que aunque haya días malos, mañana cuando el sol salga, la vida te brinda una nueva oportunidad.


No te rindas, aún estas a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros, y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero,
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas, quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme, aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.


Julieta



sábado, 15 de febrero de 2014

Cómo me cambio de piel

A veces cuando algo sucede, pensamos que no debería haber ocurrido así. Por eso sentimos, cuando nos separamos de un ser querido, cuando sufrimos cualquier derrota, que todo ha terminado. Y no es verdad. Ése es el principio siempre. 

Porque la grandeza se alcanza, no cuando todo va bien, sino cuando la vida te pone a prueba, cuando tienes un gran tropiezo, cuando te decepcionan, cuando la tristeza te invade. Porque solamente estando en lo más profundo del valle puede saberse lo magnífico que es estar en la cima de una montaña.





Julieta



viernes, 14 de febrero de 2014

Amor

Hoy es el día de San Valentín, el día de los enamorados.. y por mucho que hoy una parte de mí sienta un enorme vacío aquí os dejo un bonito texto de amor para encender los corazones que sientan que el tiempo, el dolor o el olvido los ha cubierto de escarcha.

Seremos caricias en la piel de otro, y nos darán ataques de risa que durarán toda la eternidad. Veremos atardecer desde otros ojos, o en mitad de cualquier beso, o cogidos a alguien de la mano, porque lo que quiero decir es que el sol puede a veces brillar des de algún cuerpo. Y qué coño importaría recorrer cien mil kilómetros para darme cuenta de que me he olvidado en casa, si me acompañas de vuelta.

La brisa nos zarandeará los esquemas. Respiraré lo que exhale tu boca. Y haremos el amor cuando nos de la gana; en medio de cualquier mirada, o de cualquier excusa que ponga el mundo para jodernos un poco.
No, a ver, la vida es dura, pero vamos a esquivar los golpes. Tú cierra los ojos que yo guío tu supervivencia. Sigue mis manos hasta donde termine tu espalda y empezaremos a ser felices. Y sé que se me da fatal la alegría porque los días de lluvia me gustan demasiado. Siempre me miro en el espejo y veo todos mis insomnios; parece que las ojeras estaban antes que nadie. Pero entonces llegaste tú y ya no quise que la rutina fuese otra.

He dejado de pintarle salidas de emergencia a las alarmas. Tú quédate a dormir otra noche más, y siempre, que te tengo preparada una vida para el desayuno. Prometo una historia feliz, de esas cuyo final escribe el tiempo, y no las personas.

¿Sabes?, en realidad no necesita ser perfecto, sino simplemente real. Creo que ya es hora de no prestarle atención al reloj, y de tener la seguridad de que ninguno de los dos volverá a llegar tarde.


Julieta

martes, 11 de febrero de 2014

El tiempo


Te dicen que el tiempo lo cura todo. Lo que no te dicen es que seguramente tarde demasiado en hacerlo. Como también dicen que la distancia hace el olvido, pero al parecer, nunca estamos lo suficientemente lejos de las personas a las que nos duele recordar.

He venido hasta aquí para deciros que a lo mejor la esperanza es una trampa.Y el amor una excusa. Hace mucho que necesito algo más que todo eso. Necesito no ahogarme tanto por las mañanas, cuando me quemo con el café y pienso "parece que aún sigo viva". Cuando solapo los insomnios y sus razones, y no sé si pierdo la noción del tiempo o me pierde ella a mí. Caminando en círculos, o a lo mejor estoy muy quieta y es el mundo el que sigue girando. No lo sé.

Hacer borrón y cuenta nueva sólo es un concepto, pero cuando llevas escrita más de media vida te cuesta corregir los errores. Las faltas de ortografía se van acumulando y un día ya no puedes moverte sin tropezar con ellas. Sólo podemos seguir. Correr hacia adelante no es una opción si dejamos de disfrutar de las vistas. Y entiendo que nos duela quedarnos bajo estos días de invierno con las manos frías y los labios secos. Esperando algo de nosotros mismos, como si en el fondo no supiésemos que ya no podemos dar más de lo poco que tenemos.

Y se te cruzan las caras y todas esas miradas, por la calle. Los coches pitando y algunas personas sentadas en el banco, viendo atardecer. Es como una sesión de hipnosis, donde vivir se ha limitado a no perder el metro para volver a casa. Y acostarse pronto porque los peores recuerdos se despiertan tarde. Agazapada bajo las sábanas que ya no me protegen de los monstruos, por mucho que intentes rescatar aquella época en la que todo se arreglaba apartando la vista.

¿Podemos hacerlo mejor? Despertarnos mañana y curarnos los días pasados del calendario que fumigaron las razones que teníamos para seguir. ¿Vosotros con qué soñabais cuando erais pequeños? No lo olvidéis nunca, por favor.

Julieta

lunes, 10 de febrero de 2014

Tu obra

-¿Qué? ¿Cómo va tu obra?

+Error... Esa no es la pregunta correcta.

-Ah... ¿no? ¿Entonces cuál es?

+Evidentemente la pregunta adecuada no es cómo va mi obra si no de qué (cojones) va la tuya. ¡No me mires así! Escribimos dos guiones a la vez: yo una comedia romántica, tú te empeñaste en hacer un drama... El resultado es esta sátira en la que has bordado el papel de truhán (¡clap, clap, clap! - aplausos varios); aunque no contaste con una Penélope que no pierde el tiempo con odiseas... Excelente pantomima, inmejorable representación... ¡sí, señor!; una pena que todo haya terminado y ya caiga el telón.

Julieta


viernes, 7 de febrero de 2014

Dime

Pero, dime, cómo íbamos a construir algo juntos si éramos un par de ruinas que se resignaban a reconocer que apenas podían sostenerse en pie. Quizá si te hubiese hablado de mi manía de romper las cosas, te hubieses quedado un poco más, cuando empecé a no saber cómo arreglar lo nuestro.

Si algunas personas llegan tarde porque no salen a tiempo, tú lo hacías porque no querías llegar pronto. Y recuerdo que cada día te despedías un poco más. Ya, seré yo, que nunca supe hablarte de todos esos sentimientos que me callé. Y, ya, será que tampoco supe impedir que te marchases, pero sí desear que no te fueses. 

He tenido que tocar fondo para encontrar las fuerzas suficientes para admitir que tú eras el superfície. Tomaba aire de tu boca. Y aquí me tienes, aguantando la respiración, y lo que me dure el oxígeno. Luego a ver en qué otros labios te consigo olvidar. Y cuántos insomnios me va a durar el escozor en los ojos y la cama, o la vida, medio vacía. Es que a veces la intención no lo es todo, corazón; y me recuerdo intentando curar una herida que cada vez nos dolía más a los dos. Una locura.

Nunca se me dieron bien las matemáticas, así que no sabía resolverte los problemas. Pero ojalá hubieses sabido el antojo que tenía de ser la solución. Qué ingenuos nos vuelve la esperanza, ¿verdad?, o qué gilipollas la soledad. Será que tropezar tantas veces con la misma piedra sólo nos sirve para conocer exactamente a dónde nos va a doler. Pero tenemos que seguir adelante, yo qué sé. Aunque se nos de tan bien quedarnos y aunque tardemos media vida en encontrar a alguien a cuyo lado no nos importe morir. La cosa se reduce a eso, supongo.


Julieta